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Cociendo cambios en la cocina global
“El cuidado de los demás se logra mediante una deslumbrante selección de habilidades en una infinita variedad de circunstancias. A parte de cocinar, hacer la compra, limpiar, lavar y planchar, sembrar, cultivar y cosechar para otr@s, las mujeres consuelan y guian, atienden y enseñan, organizan y asesoran, disciplinan y animan, luchan y pacifican. Agotador y desgarrador en cualquier circunstancia, este trabajo social, trabajo emocional del hogar, es realizado tanto dentro como fuera del hogar. “Y las mujeres, somos las primeras en defender y proteger a aquell@s a nuestro cuidado. Son normalmente mujeres –madres, esposas, compañeras, hermanas, hijas, abuelas y tías– las que impulsan las campañas por la justicia, seamos o no destacadas o incluso visibles en ellas.” Selma James La Huelga Mundial de Mujeres (Huelga) se creó con la intencion de obtener reconocimiento tanto social como económico, del trabajo de cuidado no asalariado, y para reclamar la devolución de los presupuestos militares. El trabajo no remunerado entró al orden del día internacional en 1975, en la Conferencia de la Década de la Mujer de la ONU, en Ciudad de México. La segunda conferencia, en 1980, en Dinamarca, añadió a su legitimidad con el dato de que las mujeres realizan los 2/3 del trabajo del mundo y sin embargo reciben sólo el 5% de sus ingresos. En 1985, la ONU acordó la inclusión del trabajo de las mujeres en el hogar, el campo y la comunidad en las cuentas nacionales. El trabajo de cuidado ha incluído el trabajo agrícola y el cuidado del medio ambiente. Las mujeres cultivan el 80% de los alimentos consumidos en África y en el Caribe, en Asia hasta el 90% de trabajadores en los campos de arroz son mujeres, y en America Latina las mujeres proveen el 50% de los ingresos rurales y son más activas en granjas que producen comida para el hogar.En 1995 en Beijin, por fin logramos que las cuentas nacionales incluyan la medida y el valor del trabajo no asalariado. Fue un momento decisivo a nivel global. Trinidad & Tobago pasó leyes habilitantes en 1996. España en 1998. Catalunya en el 2005. Pero Venezuela estableció un nuevo parámetro mundial en 1999 con el Artículo 88 de la Constitución: “El Estado garantizará la igualdad y equidad de hombres y mujeres en el ejercicio del derecho al trabajo. El Estado reconocerá el trabajo del hogar como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social. Las amas de casa tienen derecho a la seguridad social.” Nora Castañeda, presidenta del Banco de Desarrollo de la Mujer de Venezuela, lo calificó como “un artículo revolucionario”. Luego el artículo 14 de la Ley de Tierras, le dió prioridad a las mujeres jefas de familia en la distribución de tierras ociosas, y el subsidio alimentario.
La triple jornada, la
igualdad salarial Necesidades ecónomicas obligan a las mujeres a trabajar dobles y triples jornadas: trabajos con sueldo además del trabajo de cuidado en el hogar. En la mayoría de ellos las mujeres reciben un sueldo menor que el de sus colegas varones, incluso cuando ambos realizan el mismo trabajo. Y nos segregan en el empleo de servicios parecidos al trabajo del hogar. Muchos de estos trabajos son altamente cualificados, pero las habilidades que requieren no son reconocidas económicamente, y el estatus del trabajo es reducido por el bajo estatus del trabajo de cuidado no asalariado del hogar. Para acabar con la sexista brecha salarial entre mujeres y hombres, luchamos por la igualdad salarial a nivel global por trabajos de igual valor. Esta ya forma parte del derecho internacional: “remuneración igual para mujeres y hombres por un trabajo de igual valor.” (Convenio 1951, OIT, Art. 2.1). Sin embargo, no se implementa. Frecuentemente, las feministas han dado preferencia al derecho de aborto por encima de la carga de trabajo, pobreza e igualdad salarial. Sin embargo, recoger en la ley que el trabajo de cuidado tiene valor social y econó-mico, garantizaría que las mujeres, y en primer lugar las madres, no sean penalizadas con sueldos mínimos cuando salen a trabajar o discriminadas en pensiones, salud... Incremen-taría la posicion social y los derechos de todas. La mayoría de los hombres son conscientes de su dependencia del trabajo de cuidado, empezando por el de sus madres. Muchos incluso estan de acuerdo que no tenerlo en cuenta perpetua la tradicional división del trabajo entre los sexos. Aumentar el estatus de la cuidadora pondría a la mujer en una posicion de mayor fuerza para exigir que los hombres cumplan con sus responsabilidades y también sean cuidadores. |