Un creciente movimiento global que se niega a matar
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Día de paga – la red de hombres que trabaja con la Huelga Mundial de Mujeres – invita a los demás hombres a que exijan “que se invierta en cuidar no en matar”. Los presupuestos militares deben ser utilizados para la vida no para la muerte. Hasta algunos integrantes de las fuerzas armadas están trabajando en que se haga  esto una realidad. Día de paga, ha creado una página web en la cual documenta los puntos de vista y acciones de algunos soldados y sus familiares, veteranos antiguerra, conscientes objetores, civiles no cooperadores y otros.

La mayoría de los hombres (y un creciente número de mujeres) son obligados por la ley y/o por la pobreza a unirse a las fuerzas armadas.  Se les  envía a pelear en las guerras donde las primeras víctimas son mujeres, niños y ancianos (los más pobres y vulnerables dondequiera).  Pero muchos se niegan a convertirse en asesinos, y muchos más, mujeres y hombres, hacen campañas internacionales que denuncian este secuestro de  sus hijos, compañeros, hermanas y hermanos robados a sus comunidades.

Cientos de soldados y estudiantes israelíes  se arriesgan a la cárcel en vez de humillar, agredir y/o asesinar mujeres, niños y hombres palestinos.

Entre los millones que se oponen a la guerra en Irak, hay muchos soldados.

En el Reino Unido, una tercera parte de los reservistas se negaron a presentarse cuando los llamaron.

Un creciente número de soldados estadounidenses también se han negado a servir, entre ellos Stephen Funk, un gay de la marina estadounidense de descendencia  indígena y filipina.  Por declararse objetor e instigar a que otros  hicieran como él, fue sentenciado a seis meses de prisión (no al año que reclamaban los fiscales – una victoria de la campaña de apoyo internacional).  Está apelando la sentencia.

 Stephen Funk,conciente objetor estadounidense:
“Yo hablo públicamente para que otros en las fuerzas armadas se den  cuenta que ellos también tienen la opción y el deber de resistirse a esas órdenes inmorales e ilegales.”

Carta de Matan Kaminer, un conciente objetor israelí, a Stephen Funk:
“La gente que paga el precio más alto está en Jenin y Fallujah, en Ramallah y en Bagdad, en Ticrit y en Hebron, son las mujeres y los niños palestinos e iraquíes. Pero son también los soldados israelíes y estadounidenses, tratados como carne de cañón por sus generales que se encuentran en oficinas con aire acondicionado. Stephen: gente de nuestra edad no debería estar detrás de las rejas por no querer matar o morir.”

Shimiri Zameret, conciente objetor israelí:
“Desde hace años sé que no me voy a unir al ejército.   Con igual certeza,  sé que nunca golpearé a un sin techo que yace en la acera, nunca violaré a una mujer y cuando tenga un bebé nunca lo abandonaré.”

Georgios Monastiriotis, un soldado griego:
“Me niego a tomar parte o a contribuir de cualquier manera con la implacable matanza de la gente iraquí.  Me niego a tomar parte en una guerra que no ha acabado , porque aún ahora que se declaró su final oficial, siguen matando a mucha gente, y entre ella  a muchos niños.”

Michael Titlestad, habla del ejército sudafricano durante el apertheid [separación racial]:
“Me acerqué a las autoridades y les dije que estaba inhabilitado e indispuesto para seguir. Fui internado en un hospital psiquiátrico en Cape Town para ‘observación’.  Durante las siete semanas de tutela, vi los efectos de los abusos, violencia y traumas en el ejército sudafricano.”

Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, promueve un uso militar solidario con el Plán Bolívar:
“Hace años yo iba a Barranco Yopal y llevaba latas y palos a los indígenas, porque ellos hacían ranchos con esos materiales para pasar allí una temporada de invierno, pero en verano se iban. Eran nómadas: cazadores y recolectores, como hace 500 años.

Yo vi mujeres indígenas pariendo allí, agachadas en el monte y la placenta la botaban y limpiaban al niño y seguían caminando. La mayoría de los niños se moría de paludismo, tuberculosis, de cualquier tipo de enfermedad. Eran vejados . . . Las indígenas . . . muchas veces las violaban . . .

Pero qué vi yo allá ahora: los militares con un técnico agrícola y su capacidad de movi-lización: vehículos, equipos, organización, ejecutivismo, rapidez, pero con los indígenas, con los capitanes indígenas al frente; con una gorrita y una franelita que decía Plán Bolívar. Los militares llevaban los materiales, los ayudaban con algún personal de ingeniería y soldados más que todo, y los indígenas proyectaron las casas y trabajaron construyendo su escuelita y sus casitas.”

Los que luchan por detener las máquinas de la muerte no se encuentran sólo en las fuerzas armadas.

En varios sitios los conductores de trenes se han negado a transportar equipos militares, conductores de autobús han permitido a los estudiantes que participaban en protestas antiguerra a subir sin pagar, maestras/os han ayudado a movilizar las escuelas contra la guerra, traductoras/es se han negado a traducir documentos militares . . .

La pagina web de los que nos negamos a matar está poniendo juntas las piezas de este movimiento emergente.

Visítanos y envíanos tus noticias. Difunde esta información y la de Huelga Mundial de Mujeres.

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